La
idea (I)
Una
gran idea
¿A quién no se le ha ocurrido alguna vez una gran idea de negocio? ¿Quién
no se ha lamentado al ver a alguien explotar una idea que uno tuvo pero
que no se decidió a poner en marcha? O, ¿quién no ha decidido una y
otra vez dejar su empresa para establecerse por su cuenta, pero no tiene
claro en qué tipo de negocio embarcarse? La idea de desarrollar un negocio
y crear una empresa que lo explote es algo más común de lo que creemos.
Todos somos en cierta medida emprendedores y a todos se nos ocurren
ideas de negocios. El problema, lógicamente, está en saber cómo explotar
esa idea de forma más o menos sensata, y rentable, claro.
A veces
sucede que lo que queremos es crear una empresa pero no sabemos muy
bien que idea explotar. Necesitamos una idea de negocio que llene de
contenido la decisión ya tomada de crear una empresa.
Creatividad
...
Se requiere una buena dosis de creatividad para encontrar una idea que
nos satisfaga y nos dedica a lanzarnos a la aventura de crear una empresa.
Cualquiera que le haya dado vueltas a la idea de establecerse por su
cuenta sabe qué significa esto. Además es evidente que no todos somos
empresarios geniales, ni nos levantamos cada mañana con una idea capaz
de revolucionar el planeta.
Puestos,
pues, a buscar una idea, mejor hacerlo por allí donde los demás ya han
tenido éxito. Según los estudiosos del tema existe toda una serie de
fuentes generadoras de ideas. Sin ser exhaustivos, entre estas fuentes
de ideas podemos incluir:
· Detectar
una necesidad: Este es, además, un principio fundamental del marketing,
y quien detecta una necesidad a tiempo y sabe cubrirla adecuadamente
tiene grandes posibilidades de tener éxito en su aventura empresarial.
· Detectar una carencia: A veces no es necesario tener una gran idea
innovadora y deslumbrante. Basta con descubrir algo que simplemente
no se está haciendo y que, de llevarse a la práctica, podría tener éxito.
· Detectar una deficiencia: Muy relacionado con los anteriores puntos,
estas ideas surgen cuando alguien se da cuenta de que algo que ya se
esta haciendo, o no se hace correctamente o se podría hacer mejor. Esta
es una de las motivaciones que suele llevar a los emprendedores a dejar
su trabajo y establecerse por su cuenta en la misma profesión.
· Disfrutar de las aficiones: Una de las mejores formas de crear un
negocio propio es dedicarse a aquello que realmente a uno le gusta;
sobre todo si uno tiene grandes conocimientos del tema en cuestión y,
por supuesto, no duda en pasarse horas trabajando en ello. De todas
maneras, con este sistema se corre el riesgo de dedicar todas las energías
a aquellas tareas que nos gustan y olvidar las que no nos gustan.
· Nuevas aplicaciones de viejos productos: Estas ideas suelen ser espectaculares
y a veces muy buenas. ¿Qué ocurriría si alguien decidiese usar el teléfono
para enviar cartas en lugar de hablar por él? Pues que habría creado
el fax. Estas ideas suelen ser fruto de la genialidad y de la pericia
técnica; aunque no por ello deban quedar excluidas en una búsqueda sistemática
de nuevas ideas.
· Cambios
en la sociedad: Nuestra sociedad esta cambiando a un gran ritmo y con
ello cambian las necesidades y los deseos de la gente. "Necesidades"
y "deseos" son dos palabras mágicas en el mundo de los negocios. Estar
atento a estos cambios puede ser una buena fuente de ideas. Uno puede
ver cada día nuevas empresas que venden productos o servicios que hace
unos años eran innecesarios o absurdos. ¿Quién hubiera dicho hace pocos
años que alguien se ganaría la vida atando a sus clientes con cuerdas
elásticas y haciéndoles saltar de cabeza por un puente?
En definitiva,
tener una buena idea es fundamental para el desarrollo de un negocio.
Ponerse a hacer lo mismo que los demás es arriesgar demasiado en un
entorno tan competitivo como el que vivimos hoy en día. Vale la pena
dedicar horas y horas a encontrar una idea lo suficiente buena y original
como para que facilite mucho el desarrollo del negocio.
...
o pragmatismo
Hasta hace poco se consideraba que para crear una empresa era imprescindible
disponer de una buena idea innovadora y original. Pero, en este caso,
es conveniente disponer de una gran dosis de creatividad para encontrar
una buena idea.
Sin embargo,
últimamente se ha extendido mucho un "curioso" método de crear empresas
sin necesidad de tener brillantes ideas. Se trata del sistema de franquicias.
En este modelo empresarial, dos personas físicas o jurídicas se ponen
de acuerdo de manera que el franquiciador aporta la idea del negocio
(o el servicio, o la marca, o los conocimientos) y el franquiciado crea
la empresa siguiendo las indicaciones del franquiciador para explotar
el negocio. (La mayoría de "cadenas" de establecimientos -comida rápida,
lavanderías, lavado de coches, tiendas de informática, etc.- son franquicias)
El sistema
tiene innumerables ventajas para el franquiciado, y de ahí su éxito
de aplicación.
Así, por
ejemplo:
· No es necesario tener una idea genial e innovadora. Esta la aporta
el franquiciador, que cobra por ello.
· El negocio ya ha sido probado por otros franquiciados y se puede ver
su rendimiento.
· Se tiene el apoyo y la experiencia del franquiciador en aspectos legales,
de marketing, etc.
· Se obtienen las ventajas de formar parte de un grupo (mejores precios
de compra, publicidad compartida, etc.)
En definitiva,
se cumple el sueño de ser su propio jefe con su propio negocio sin necesidad
de arriesgar en algo que puede fracasar estrepitosamente. Evidentemente,
el formar parte de una franquicia no asegura el éxito de forma automática
pero reduce enormemente los riesgos de un nuevo negocio. El sistema
de franquicias está teniendo y tendrá un gran desarrollo en los próximos
años por las ventajas que aporta a todas las partes.
Las
ideas claras
Sea cual sea el origen de la idea básica del negocio conviene tener
muy claro a que se va a dedicar la empresa. Esto puede parecer una perogrullada
pero una vez puesta en marcha la empresa, con las tensiones que se llegan
a originar, suele ser muy fácil cambiar la idea original por otras "más
prácticas" y acabar haciendo exactamente lo mismo que hace la competencia
o lo que uno hacía en su empleo anterior. Conviene, pues, tener muy
clara la idea básica del negocio; incluso retrasando unos meses la puesta
en marcha de la empresa si hace falta. Si no, conviene insistir en ello,
se corre el riesgo de poner en marcha un negocio -con sus evidentes
costes en tiempo y dinero- para luego descubrir que "se es uno más de
tantos que hacen de lo mismo".
Continuará
...
Artículo cedido por: Odisea
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