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La Financiación (I)

Buena parte del estrés que puede originar la puesta en marcha de un nuevo negocio tiene su origen en la necesidad de "arriesgar" una buena cantidad de dinero. Muchas veces, la apuesta es importante: simplemente, todos los ahorros de varios años de trabajo por cuenta ajena, cuando no un crédito o incluso una hipoteca. Es evidente que un correcto análisis de cómo se va a financiar un proyecto es de vital importancia para el buen término del mismo.

¿Para qué hace falta el dinero?
La nueva empresa deberá contar con suficiente dinero para atender distintas necesidades que se presentarán a lo largo de su existencia y que, fundamentalmente, se destinarán a:
· Creación y puesta en marcha de la empresa
· Desarrollo del negocio

Todas estas necesidades de financiación deben recogerse en un Plan Financiero de la empresa, para ayudar no sólo a cuantificar la cantidad de dinero necesaria sino para coordinar y determinar como entra (y sale) este dinero.

Creación y puesta en marcha
La primera necesidad en la que se ve envuelta una nueva empresa es la de financiar su propia creación y puesta en marcha. Para más detalles sobre el coste de crear una empresa, consultar el artículo ¿Cuánto cuesta crear una empresa?

El mero hecho de crear una empresa ya cuesta dinero. El Estado, los Ayuntamientos, el Registro Mercantil, los notarios, etc. etc. van a pedir implacablemente su parte sólo por el hecho de que el emprendedor decida poner en marcha su idea. Sin saber si la idea va a funcionar, sin haber ingresado ni una peseta hay que empezar a pagar a terceros.

Los costes de crear una empresa pueden ser relativamente importantes y hay que tenerlos en cuenta dentro de la planificación de la puesta en marcha del proyecto, entre otras razones, porque no van a ser los únicos costes o inversiones que deberá afrontar el nuevo proyecto. Y si bien un cálculo poco ajustado en los costes de creación puede llegar a corregirse con más o menos habilidad, las repercusiones en el conjunto del proyecto pueden ser, más tarde, importantes.

Al poner en marcha una empresa será necesario, por otro lado, dotarla de medios de producción y de gestión para la operativa diaria. Aquí hará falta financiar las inversiones permanentes en maquinaria, instalaciones, etc. y financiar las primeras adquisiciones de materias primas para fabricar, o comprar los primeros productos para distribuir.

Incluso en el caso de empresas de servicios, será deseable poder pagar los sueldos al menos durante, por ejemplo, seis meses para dar tiempo a la empresa a asentarse mínimamente en el mercado.

Desarrollo del negocio
Una vez superada la fase crítica de crear la empresa, sigue haciendo falta dinero para mantenerla en marcha. Una empresa en marcha es como una locomotora que quema billetes sin parar para seguir en movimiento. Lo malo es que cuánto más velocidad toma esta máquina, más dinero se necesita para hacerla funcionar. Y lo peor de todo, es que muchas veces no queda otro remedio que coger la mayor velocidad lo antes posible.

También es posible que unos meses de menor actividad o el retraso en el cobro a los clientes haga que el ritmo de entrada de dinero sea menor del esperado y, curiosamente, el ritmo de salida de dinero siga siendo el mismo. Hará falta buscar otros mecanismos de financiación para seguir operando hasta que llegue ese dinero.

Fuentes de financiación

El capital
¿De dónde sale todo este dinero? Pues ni más ni menos que del bolsillo del emprendedor. Más exactamente, en caso de una sociedad, de su capital. Por eso es importante determinar con precisión qué capital inicial necesita la nueva empresa y no caer en la trampa de crear la empresa con el mínimo capital posible.

El capital social corresponde al conjunto de dinero (en el sentido más amplio del término) que los socios ponen a disposición de la sociedad mercantil para que pueda funcionar hasta que la propia empresa genere sus propios recursos mediante sus beneficios.

En el momento de crear la sociedad esta nace con un capital determinado aportado por los socios (más adelante, se puede ampliar) que servirá para garantizar la puesta en marcha y las primeras operaciones. Este capital tiene al menos la ventaja, desde el punto de vista de la empresa, que no se debe devolver hasta la disolución de la sociedad. Sin embargo no estaría de más generar unos dividendos para retribuir a este capital.

Otra cuestión aparte es cómo los socios obtienen el dinero para aportar su cuota de capital. Aquí es donde entran en juego los ahorros, los familiares o, si hay suerte (mejor dicho, si hay más dinero) el banco. Una vez reunidas todas estas aportaciones se convierten, al constituir la sociedad, en el capital con el que la empresa inicia su aventura.

Artículo cedido por: Odisea Web