La
producción
(I)
Normalmente, la mayoría de los emprendedores no suelen estar preocupados
por la producción o prestación del servicio objeto de su negocio. Después
de todo, suele ser lo que han estado haciendo en los últimos años o
aquello que realmente les gusta hacer. Incluso si se trata de una nueva
actividad siempre será posible aprender suficientemente rápido para
hacer un buen trabajo.Este suele ser un planteamiento típico en aquellos
emprendedores que van a dejar su puesto de trabajo para trabajar por
cuenta propia.
Sin embargo, esta posición puede llevar a un callejón sin salida en
la nueva aventura empresarial. Al inicio, el emprendedor -o el equipo
de emprendedores- realizan todas las actividades de la empresa: ventas,
producción, administración, etc. A medida que crece el negocio se empiezan
a delegar las tareas menos "vitales", normalmente empezando por la contabilidad,
actividad que casi ningún emprendedor desea realizar. El negocio sigue
creciendo y hay que contratar más personal: una secretaria, un ayudante,
incluso un vendedor. Pero el emprendedor sigue metido en la producción
(especialmente si el negocio es de servicios). Al cabo de un tiempo
puede llegar lo que podríamos llamar "muerte por estancamiento". No
es que la empresa cierre necesariamente; de hecho puede funcionar bien.
Sucede que ya no puede crecer más. Todos los empleados están al máximo
de trabajo; los emprendedores también. No se pueden aceptar más pedidos
y, si se aceptan, la calidad empieza a deteriorarse. Y así se van acumulando
una serie de problemas de diversa índole que se aceptan como normales
de un negocio en marcha... hasta que se desaparece del negocio.
Lo que ha sucedido es que se han ido delegando funciones no "vitales"
pero el emprendedor no se ha apartado de la "principal" que es hacer
aquello que representa el núcleo del negocio: cortar el pelo, llevar
contabilidades, hacer programas, cocinar los pasteles, hacer casas,
etc. Y cómo va a ser de otra forma. El negocio empezó porque el emprendedor
era bueno haciendo aquello y si deja de hacerlo la empresa ya no tendrá
futuro. Sin embargo con esta "estrategia" se han conseguido dos cosas:
saturar al máximo la capacidad de producción de la empresa (o sea, el
tiempo de trabajo del emprendedor) y olvidarse de dirigir la empresa
(actividad, por cierto, que a nadie se le ocurre "delegar" en otros).
Independientemente de los problemas que pueda comportar el haberse olvidado
de "dirigir" la empresa -que se puede imaginar qué consecuencias puede
traer-, la mala gestión de la capacidad de producción ha colapsado la
empresa y, consecuentemente, su futuro.
¿Negocio
o Empresa?
Una de las decisiones más importantes a tomar al crear una empresa es
decidir si lo que se desea es tener un negocio o tener una empresa.
Los estudios sobre el hecho emprendedor han determinado que existen
dos tipologías principales de emprendedor: el que desea tener un negocio
y el que desea crear una empresa.
En un negocio, el emprendedor es la pieza fundamental. Es la situación
típica del profesional liberal que puede llegar a tener un negocio de
cierto tamaño pero cuya capacidad de producción estará limitada por
el propio creador.
En una empresa, el emprendedor crea una estructura independiente de
su persona que adquiere personalidad propia. El caso extremo es el de
la franquicia: se crea un concepto de negocio y luego este concepto
se vende para que lo "usen" otros emprendedores.
Esta distinción determinará de entrada como plantear la producción en
la empresa. En el caso del negocio, la capacidad de producción es finita:
como máximo lo que aguante el "físico" del equipo emprendedor. Habrá
pues que gestionarla con sumo cuidado (por razones más que evidentes
de salud personal). En el caso de la empresa, la producción es una función
más a "delegar". Hay que evitar por tanto caer en la trampa de supeditar
el crecimiento de la empresa a la capacidad personal del equipo emprendedor.
Éste debe dedicarse a dirigir la empresa y a desarrollarla, no a "producir"
por bien que lo hagan.
Este problema es, de hecho, algo que debe plantearse y resolverse en
el Plan de Organización y no en el de Producción. Pero sucede a menudo
que hacerse las preguntas adecuadas sobre la futura organización de
la empresa, y qué papel va a jugar cada miembro del equipo emprendedor
es, como mínimo, "complicado" al tratarse de temas relativos a personas
en lugar de relativos a números. Resulta entonces fácil caer en aquello
de "ya pensaremos en ello más adelante, ahora hay que hacer el trabajo"
y se acaba llegando a afectar a la producción y al propio futuro de
la empresa. En definitiva, suponiendo que el Plan de Organización existe
y "funciona", ¿qué debe recoger el Plan de Producción?.
Continuará
...
Artículo cedido por: Odisea
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